De la fantasía al cortometraje
- Xiomara Crespo
- 4 nov 2019
- 1 Min. de lectura
Actualizado: hace 2 días
Este es un programa que nació para integrar el arte en la vida de los niños como una forma de sanar los traumas posteriores al terremoto de junio de 2016 en Ecuador. La primera intervención se realizó en una de las zonas más afectadas del país, en Manabí.

A través de este taller, pueden aprender de manera lúdica a expresarse audiovisualmente. Una de las técnicas que utilizamos es la de los “binomios fantásticos”, representados con disfraces para estimular su creatividad.

Una vez realizado el taller de creación de historias, se explican técnicas básicas de uso de cámaras para la grabación del relato, ya que este proceso también lo realizan los niños.

Una vez finalizado el rodaje de la historia, se realiza la edición y luego una proyección a la que se invita a toda la comunidad, incluyendo a los padres de los niños, para que puedan apreciar el trabajo desarrollado por ellos.

Este taller cuenta con voluntarias, en su mayoría mujeres, interesadas en enseñar y con conocimientos en el ámbito audiovisual.

Creo profundamente en el poder de la educación como un camino para sacar a muchas personas de la pobreza, especialmente la educación artística. El arte, además, nos conecta con la voz interior y nos permite exteriorizar lo que sentimos.
Los niños de esta época están siendo educados, muchas veces, para responder a sistemas lógicos; por eso el arte —y la formación artística— es una herramienta que nos acompaña toda la vida para aprender a gestionar nuestras emociones y, así, formar una generación que no pierda la conexión con la esencia de su ser.



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